Entre las expectativas que se pretenden alcanzar en un suelo modificado o estabilizado se encuentran:
• mejora de los terrenos de tipo granular susceptibles a las heladas (crioclastia)
• mejora en suelos con mucha fricción y poca cohesión para utilizarlos como sub-base, arenas
• tratamiento de los suelos limosos y/o arcillosos para reducir sus cambios de volumen
• tratamientos superficiales contra el polvo y el barro y la reducción de la erosión, tanto en caminos o taludes.
• Formación de películas o capas impermeables para evitar filtraciones de agua o ascenso de gases del subsuelo.
Un tratamiento superficial no puede considerarse como una estabilización propia de un suelo, hay que verlo más bien como una “piel” que defenderá al propio terreno frente a las agresiones típicas de las que nos queremos proteger(erosión, permeabilidad)
Tratamientos superficiales que por otro lado están diseñados para aportar una solución transitoria o con un mayor mantenimiento previsto si existe tránsito sobre estas, que las soluciones aportadas al crear una losa de un grosor determinado.
Los productos destinados al control del polvo o barro de forma superficial, sufren realmente de un gran desgaste físico (rozamiento), existiendo además en el mercado formulas diseñadas con propiedades biodegradables, que añaden con esta pretendida cualidad una degradación aun mayor al camino así consolidado ya que propiamente su duración está indicada para solo unos meses.
Un buen producto para estabilizar caminos forestales y rurales o sub-bases de carreteras, es aquel que siendo ecológico y respetuoso con el medio ambiente y las personas, proporcionan una solución práctica, útil y de elevada durabilidad.
Si se pretende un control del polvo para un evento de poca duración, pueden aplicarse dosificaciones mínimas y que en pocos meses o semanas deje de hacer su efecto de control del polvo y el barro.
